Pintor Alejandro Cabeza 2003
En 2003, tuve el privilegio de realizar una exposición individual en la emblemática sede histórica del Círculo de Bellas Artes de Valencia. La muestra, compuesta por medio centenar de obras entre retratos y paisajes, generó una gran expectación tanto en el público general como entre los conocidos de profesión.
En aquella legendaria sala se celebraban dos grandes exposiciones anuales al cierre de cada temporada. La primera era una muestra colectiva en la que los socios presentaban sus obras; posteriormente, en vísperas de la Navidad, se organizaba otra exposición conocida como los Christmas de Navidad, una iniciativa que despertaba gran entusiasmo entre el público y propiciaba la adquisición de estas pequeñas obras.
Para mí, al margen de la historia, lo más importante eran los fondos que albergaba: una colección mítica de numerosos autores. Rodeado de aquellas pinturas, uno se sentía arropado, más pintor. Era posible pasar horas bajo aquellas pinturas en su salón de café, observándolas, analizandolas, dejándose impregnar por su presencia. Constituían su mayor reclamo: incluso quien no era artista terminaba sintiéndose pintor, siempre estaban allí. Aquellos cuadros eran un ejemplo silencioso, discreto y, al mismo tiempo, profundamente cautivador.
La fotografía en la que aparecen mis obras corresponde a la sala principal de exposiciones. Era una gran sala cuadrada, un salón con las paredes revestidas de lino y el suelo en mosaico, tenía el empaque clásico de su época. La escultura de la izquierda es el busto del pintor Joaquín Agrasot realizada por el escultor Francisco Marco Díaz Pintado, presidía la entrada majestuosamente de forma imponente a la siguiente sala. Mi exposición tuvo lugar en el año 2003, poco antes de que la sede cambiase de ubicación.
Todas las exposiciones tienen un antes y un después, igual que un principio y un final. Se convierten en algo especial y memorativo para el artista; en ocasiones, incluso, un punto de partida para la reflexión, "El acto en sí que da origen a la causa”. Y ese fue el acto: una presentación que reunía muchos años de pintura, periodos intensos de entrega y esta es la causa: la fascinación por pintar.
Las exposiciones individuales poseen la cualidad de presenciar el trabajo de un autor sin ambigüedades ni dudas. No es lo mismo ver tres pinturas en una muestra colectiva que contemplar cincuenta en una exposición individual: esa diferencia lo transforma todo. No debemos olvidar que el destino final de una pintura es estar colgada en una pared; esa es su misión, su naturaleza. Exponer hace tangible esa realidad, otorgándole la coexistencia para hacerla brillar.
La institución, cuya historia y relevancia en la cultura española están documentadas, ha sido un pilar fundamental del arte valenciano. Puedes conocer más sobre su trayectoria en la página oficial del Círculo de Bellas Artes de Valencia en Wikipedia.
Ejemplos de su pintura pueden contemplarse en www.alejandrocabeza.net
